ARAVALLE, HISTORIA DE LA COMARCA
Sería demasiado pretencioso querer presentar una Historia —con mayúscula— de Solana, tan reducida siempre en su población y proyección sobre ‘la comarca. Otros núcleos próximos más importantes, como Bejar o Barco, atrajeron ya ‘la atención de los historiadores o economistas. Sin embargo, con una perspectiva muy limitada, podemos seguir el curso de los siglos pasados también desde aquí, apoyados en unos datos y unas cuantas suposiciones lógicas. Al menos, es el primer intento que en este campo se hace.
Comenzamos señalando que la toponimia de la comarca responde perfectamente a la catalogación geográfica de la zona en que está enclavado Solana: Enfrente, está la Umbría; en el centro relativamente llano por donde discurren las dos gargantas, el Aravalle (ata palabra ibérica valle); en la falda de la Sierra, orientado totalmente al Mediodía, Solana.
Si toda esta tierra estuvo ocupada por los glaciares que bajaban desde las alturas próximas, podemos pensar que fue ante todo Solana quien tras el deshielo conoció primero la vegetación, la fauna y luego el hombre. Están muy cerca los castores celtibéricos de Gilbuena y el Berrueco de Medinilla, por lo que es presumible la presencia aquí de miembros de la misma familia. ¿Quién si no ellos pudieron dar ese nombre al Aravalle? Pero aún hay más: En el lugar conocido por San Bartolomé, apareció hace años el sepulcro de piedra toscamente tallada que indudablemente pertenece a tal período histórico.
La verdadera historia del pueblo comienza en la época romana, ya que en las inmediaciones del pueblo se ha recogido alguna moneda con ‘la efigie de emperadores del siglo 1. Es lógico pensar que en tal tiempo se apreciaba ya la feracidad de estos valles situados en las inmediaciones de la Vía de la Plata.
Y así, hasta la Reconquista. Fueron caballeros de Ávila los que, al tiempo que ensanchaban Castilla con estas tierras, fueron dejando en los pueblos que co4onizaban su apellido. Sirva de ejemplo el Muñoz, tan abundante aquí, también de raíz celtibérica: Muñosancho, Muñogalindo, Muñochas, Garcimuñoz. De esta época datan las primeras noticias escritas sobre la Parroquia y la leyenda sobre la Virgen de la Nueva, según veremos con detalle más adelante.
Es el rey Alfonso VIII quien, al fundar Plasencia y constituirla en Obispado, no solamente le da tierras del Sur, sino que pone también bajo la jurisdicción de tal mitra a Bejar y su tierra. Pero el Obispo de Ávila no se resigna a perder esta comarca, argumentando que toda ella fue reconquistada desde Ávila. El largo litigio con el Obispo de Plasencia se resuelve al fin tras la intervención del Papa a través de una Bula que traza con todo detalle los límites entre ambas diócesis. Es curioso ver en el documento pontificio del siglo XIII los mismos nombres que ahora utilizamos: La Campana, Sequillo, Galindo, Peñamerendera, Garganta del Endrinal. También en el viejo camino que va a Los Narros se conservan aún las marcas en forma de cruz que entonces se hicieron para señalar dichos límites.
Y Tierra de Bejar ha sido esta zona hasta el año 1833, en que se hizo la actual división provincial. La incorporación de Solana a la Diócesis de Ávila no tendría lugar hasta 1954.
Nada menos que nueve siglos señalan lo que, por pertenecer a la Casa de Bejar, suele llamarse período ducal. Durante este tiempo, en orden a una mejor administración, toda la tierra de los Duques estaba dividida en "cuartos", correspondiendo al "cuarto de arriba" la parte situada más acá de los puertos de Vallejera y La Hoya. La comarca aportaba unos excelentes ingresos a la Casa Ducal, sobre todo como agostadero para ‘la numerosa cabaña (300.000 cabezas) de ganado ‘lanar con que llegó a contar el Duque en el ‘siglo XVI. Pero también fue un excelente coto de caza mayor y pesca. Todavía en 1752 se reseña en el Catastro como propiedad del Duque, la laguna de "quinientos cincuenta pasos de longitud y cuatrocientos cincuenta de latitud que linda con pastos comunes y peñascales.".
Hay dos detalles significativos de este tipo: Uno, la exclusiva que tenía el Duque sobre la nieve de la Sierra (únicamente La Ceja tiene nieves perpetuas). Otro, la cesión que los Duques hicieron en el siglo XV de la Dehesa del Cuchillar a todos los vecinos del pueblo.
También son recuerdos del período ducal el escudo que adorna la fachada del Ayuntamiento y los restos de una portada de mansión noble, también del siglo XV, conservada casi milagrosamente en el sitio denominado La Plazuela, junto a otros edificios de los siglos XVII y XVIII.
Siguiendo los datos que nos proporcionan los libros parroquiales desde el siglo XVI, podemos decir que la población de Solana osciló siempre en torno a los 500 habitantes, hasta que en los últimos años las circunstancias económicas de la agricultura determinaron una emigración progresiva hacia la capital o las zonas industriales. Sobre este punto concreto hablaremos más ampliamente al tratar de la Economía local.
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