Una tierra habitada por pueblos milenarios

Desde los vestigios de castros celtas y vettones, pasando por los restos de la ingeniería de caminos romana, el arte románico presente en iglesias y puentes, las leyendas sobre las batallas aquí acontecidas en tiempos de la reconquista, castillos medievales y pueblos amurallados, y una constante a través de los siglos: los pueblos trashumantes adaptandose al arisco medio natural, las montañas como fuente de vida, pasto para el ganado y riego para los campos. Nuestra comarca refleja en su paisaje la dureza de los pueblos que al paso de los siglos han ido modelando de forma armoniosa la naturaleza que generosamente les mantenía. Ese espíritu de conservación impregna también nuestro trabajo diario.

La riqueza de lo sencillo: nuestros pueblos

Como en tantos lugares de nuestra geografía, nuestro valle se haya dividido en dos laderas naturales, bautizadas por el astro rey: la Umbría y la Solana.
Es en la Umbría en la que se reparten nuestros alojamientos, salpicados entre algunas de sus diminutas aldeas: Gil García, Casas del Abad, Hustias…
Otros tantos pequeños núcleos de población ya casi inexistente se reparten por el valle, a la orilla del río (Retuerta, Canaleja, Santiago de Aravalle) o en lo más alto de sus riscos (El Tremedal). Algunas de estas aldeas heridas ya por el amargo abandono de sus gentes, otras florecientes en niños y nuevas esperanzas puestas en los visitantes, todas ellas con la sencilla riqueza de su arquitectura austera y bienpensada: corrales, lavaderos pequeños puentes y pasaderas, molinos, hornos de cocer pan, potros de herrar, fuentes y pilones… harán las delicias de quien valora los pequeños detalles del entorno rural.

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